"WATERWALL" EN BUENOS AIRES: Detrás de una cortina de agua

Publicado en General el 24 de Abril, 2008, 9:20 por culturartespectaculos2008@yahoo.com.ar
CulturArtEspectáculos
PRESENTA

"WATERWALL" EN BUENOS AIRES

Detrás de una cortina de agua

La compañía de Ivan Manzoni pone empeño, pero el vértigo por el impacto visual no genera seducción en escena.

IMPACTO VISUAL DEL ESPECTACULO QUE SE HABIA PRESENTADO, UNOS AÑOS ATRAS, EN EL FESTIVAL DE BOGOTA. SEGUIRA EN BUENOS AIRES HASTA EL DOMINGO.

En el primer cuadro, una enorme estructura que simula estar recién terminada -hay dos integrantes del elenco con sopletes en escena y sus aureolas de fuego- y los inequívocos mamelucos marcan una coreografía fabril, como de edificio en construcción. Enseguida, mediante algunos baldes y otros elementos, aparecerán los primeros escarceos acuáticos. Y de inmediato, en el segundo cuadro, la lámina de 17.000 litros de agua, que había llegado a Buenos Aires generando grandes expec tativas, se echará a rodar para no detenerse en toda la noche. Por ella se moverán, a través, por encima, debajo y en sus orillas, los integrantes de Waterwall, un espectáculo que intenta ofrecer en su hegemonía una virtud pero que termina haciendo alardes de monotonía y falta de sorpresa.

"No trabajo sobre la dramaturgia, no contamos una historia, ni damos mensajes precisos", había aceptado, días atrás, el italiano Ivan Manzoni, creador de la Compañía Materiali Resistenti Dance Factory. Lo decía para acentuar el peso emocional de su espectáculo. Sin embargo, no estaría mal plantear una estructura dramática para la enorme estructura visual de Waterwall. La búsqueda del impacto del show, detrás de un cortinado intermitente de agua y de música electrónica, se sumerge en un vértigo sin respiros y no se aprovecha, del agua elemental, más que algunos momentos. En los 70 minutos de espectáculo falta la ruptura de algún declive, un respiro, un espacio de silencio que pueda permitir, incluso, un aprovechamiento más integral del caudal sonoro del agua en escena.

Waterwall, que había pasado en el año 2004, sin demasiada gloria, por el IX Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, produce sus mejores efectos -hacer trastabillar la percepción habitual generando un estado distinto, como de ensueño- cuando el escenario se ilumina, de cara al público, con celestes o amarillos: el impacto visual entonces descontractura el show. Ni las tablas de surf ni los remos, también puede mencionarse el momento en que cuatro de sus integrantes mujeres, sostenidas por arneses, entran y salen de la cortina de agua, cuando por primera vez se roza un clima de sensualidad.

En los últimos años, hubo visitas desde el exterior muy promocionadas, como la del malabarista Michael Moschen y su Michael Moschen en movimiento, la presencia de Blue Man Group con su How to be a Megastar en el Luna Park, o la del grupo Basil Twist que ofreció su Symphonie Fantastique con música de Berlioz, que no terminaron de responder a la demanda de expectativas generadas e hicieron pensar en lo que podrían hacer algunos grupos locales con la estructura y el apoyo que tuvieron algunos de esos espectáculos.

Lo más rescatable de Waterwall resultó el formidable compromiso físico de sus integrantes, con mayor expresividad en el baile que en la acrobacia, que llevan adelante un gasto físico notable. "Que se vayan a comer un bife de chorizo que bien se lo ganaron", le dijo un espectador con cierta complicidad a Gabriel Goity, por el pasillo de regreso del show en el Opera, y el actor de Gorda aprobó la ocurrencia con un gesto elegante.

Detrás de una cortina de agua

La compañía de Ivan Manzoni pone empeño, pero el vértigo por el impacto visual no genera seducción en escena.

IMPACTO VISUAL DEL ESPECTACULO QUE SE HABIA PRESENTADO, UNOS AÑOS ATRAS, EN EL FESTIVAL DE BOGOTA. SEGUIRA EN BUENOS AIRES HASTA EL DOMINGO.

En el primer cuadro, una enorme estructura que simula estar recién terminada -hay dos integrantes del elenco con sopletes en escena y sus aureolas de fuego- y los inequívocos mamelucos marcan una coreografía fabril, como de edificio en construcción. Enseguida, mediante algunos baldes y otros elementos, aparecerán los primeros escarceos acuáticos. Y de inmediato, en el segundo cuadro, la lámina de 17.000 litros de agua, que había llegado a Buenos Aires generando grandes expec tativas, se echará a rodar para no detenerse en toda la noche. Por ella se moverán, a través, por encima, debajo y en sus orillas, los integrantes de Waterwall, un espectáculo que intenta ofrecer en su hegemonía una virtud pero que termina haciendo alardes de monotonía y falta de sorpresa.

"No trabajo sobre la dramaturgia, no contamos una historia, ni damos mensajes precisos", había aceptado, días atrás, el italiano Ivan Manzoni, creador de la Compañía Materiali Resistenti Dance Factory. Lo decía para acentuar el peso emocional de su espectáculo. Sin embargo, no estaría mal plantear una estructura dramática para la enorme estructura visual de Waterwall. La búsqueda del impacto del show, detrás de un cortinado intermitente de agua y de música electrónica, se sumerge en un vértigo sin respiros y no se aprovecha, del agua elemental, más que algunos momentos. En los 70 minutos de espectáculo falta la ruptura de algún declive, un respiro, un espacio de silencio que pueda permitir, incluso, un aprovechamiento más integral del caudal sonoro del agua en escena.

Waterwall, que había pasado en el año 2004, sin demasiada gloria, por el IX Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, produce sus mejores efectos -hacer trastabillar la percepción habitual generando un estado distinto, como de ensueño- cuando el escenario se ilumina, de cara al público, con celestes o amarillos: el impacto visual entonces descontractura el show. Ni las tablas de surf ni los remos, también puede mencionarse el momento en que cuatro de sus integrantes mujeres, sostenidas por arneses, entran y salen de la cortina de agua, cuando por primera vez se roza un clima de sensualidad.

En los últimos años, hubo visitas desde el exterior muy promocionadas, como la del malabarista Michael Moschen y su Michael Moschen en movimiento, la presencia de Blue Man Group con su How to be a Megastar en el Luna Park, o la del grupo Basil Twist que ofreció su Symphonie Fantastique con música de Berlioz, que no terminaron de responder a la demanda de expectativas generadas e hicieron pensar en lo que podrían hacer algunos grupos locales con la estructura y el apoyo que tuvieron algunos de esos espectáculos.

Lo más rescatable de Waterwall resultó el formidable compromiso físico de sus integrantes, con mayor expresividad en el baile que en la acrobacia, que llevan adelante un gasto físico notable. "Que se vayan a comer un bife de chorizo que bien se lo ganaron", le dijo un espectador con cierta complicidad a Gabriel Goity, por el pasillo de regreso del show en el Opera, y el actor de Gorda aprobó la ocurrencia con un gesto elegante.

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