Juan CarlosCalabró: EL ACTOR ADMITE SENTIR QUE ESTA CERCA DEL “FINAL”.

Publicado en General el 30 de Enero, 2008, 11:02 por culturartespectaculos2008@yahoo.com.ar

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A LOS 74 AÑOS, EL ACTOR ADMITE SENTIR QUE ESTA CERCA DEL “FINAL”, Y HABLA DE LA FELICIDAD QUE LE PROVOCA TRABAJAR CON SU HIJA
Juan Carlos Calabró
Lacónico, nada chistoso, fuertemente melancólico, el cómico habló mucho
sobre sus sufrimientos, su carrera y la de Iliana que, a los 42 años, se convirtió en un símbolo sexual



HACE HONOR A LA TRADICION DE LOS MEJORES COMICOS. FUERA DE ESCENA ES SERIO Y RECONCENTRADO.


Volvió a hacer temporada teatral luego de trece años de ausencia, pero está vez compartiendo el escenario junto a su hija Iliana. Durante este tiempo lo tentaron con varias ofertas laborales, pero prefirió no perderse la ocasión de disfrutar del ocio. En esta oportunidad, Juan Carlos Calabró, abrió su corazón y develó ciertos aspectos íntimos de su vida personal, descubrió ribetes desconocidos de su rol profesional y dejó ver un costado inédito de un hombre que se supo ganar el cariño del público a fuerza de talento y trabajo.
-¿Por qué retornó al teatro?
-El año pasado, cuando decidieron poner a Iliana como primera figura dentro de un show, se barajó la posibilidad de incorporarme, pero no acepté. Yo pensaba: “Con la fuerza que ella tiene, va a llenar todos los días”, y no sólo llenó, sino que debieron agregar funciones. Este año, Iliana me dijo: “Vamos al Lido, hay 700 butacas” y le respondí: “Voy. Te voy a servir de apoyo” y así fue como me vi inmerso en este espectáculo, del cual no estoy arrepentido.
-¿Está contento de participar junto a su hija?
-Sí, porque cuando salgo a la calle no hay tipo que no me diga que no se divertió y la pasó bien.
-¿Aceptó por decisión propia o a pedido?
-De común acuerdo.
-¿No tenía ganas de volver al teatro?
-No muchas.
-¿Estaba retirado?
-No tanto. De hecho, cuando apareció la oportunidad, acepté. Lo que ya no tengo es ese entusiasmo que tenía a los 40 o 45 años cuando hacía teatro de revistas.
-Ni tampoco la necesidad.
-En verdad, no.
-En lo económico, ¿está bien?
-Sí, pero soy un tipo muy austero.
-¿Y su mujer?
-¿Coca? También. Ella siempre cuidó el sope. Lo guardó durante 40 años.
-Sin embargo, tienen una activa vida social.
-Sí, pero no vamos a lugares lujosos.
-Nada de Puerto Madero ni La Recova.
-No, nada de eso.
-De todos modos, cenan todas las noches afuera.
-Es cierto, pero vamos a restaurantes cerca de casa.
-Bueno, pero se dan todos los gustos.
-Sí, pero no creas que tanto. Yo no tengo una casa en un country ni un barco.
-¿Le preocupa mucho el qué dirán?
Sí. A pesar que todo lo que tengo me lo gané a través de cuarenta años de trabajo, no me gustaría que alguien me diga: “Mirá éste el auto que tiene”.
La carrera de Iliana
-En lo personal, ¿qué implica hacer temporada de teatro en Mar del Plata después de tantos años?
-Nada nuevo.
-¿Con qué ojos mira la carrera de su hija?
-Con los mejores. Iliana tiene un empuje y una vitalidad increíbles. No se cansa nunca. Siempre está de buen humor. Atiende a todos con amabilidad y la gente percibe esas cosas. No hay quien hable mal de Iliana. El otro día preparó tiramisú y ella personalmente, en el hall del teatro, antes de la primera función, ella, le daba un pedazo a cada persona.
-Al verla a ella, ¿se siente reflejado?
-¡Nooo! Yo nunca tuve esa fuerza. Todo lo que hice fue a regañadientes. En cambio, ella lo hace con gran voluntad. A ella le gusta realmente lo que hace. Iliana tiene el fuego sagrado, cosa que yo nunca tuve.
-¿No me diga que hizo su carrera a disgusto?
-No, pero hacía las cosas porque las tenía que hacer y nada más. Acepté hacer una revista y luego otra y otra más y así hice veintiséis.
-¿Cómo piensa que manejó su carrera?
-Como la gente quiso. Yo no manejé nada.
-¿Pero está contento con lo que hizo o no?
-Sí, sí.
-En verdad, no parece.
-Estoy contento porque creo que cada sketch de “Calabromas” es una pequeña joya de un humor que ya no existe, pero nosotros para hacer una hora de programa trabajábamos una semana, en cambio, los cómicos de hoy, pretenden hacer comicidad a diario, y es imposible hacer cosas graciosas todos los días. Por su parte, pienso que “El Contra” es el summun de lo que se puede hacer en comicidad en cuanto a formato y calidad. Cada minuto del programa tiene seis o siete chistes, claro que para conseguirlo con Antonio Carrizo laburábamos cuatro horas todos los días durante nueve años, hasta que me desgasté. Hoy no me sentaría a hacer ese trabajo de nuevo.
-¿Prefiere resignarse al olvido?
-Y sí, como no tengo el fuego sagrado, cuando no me tocó trabajar, no me importó.
-¿Pudo vivir bien sin el asedio de la gente?
-Perfectamente. Yo no padecí el ostracismo.
-La suya, ¿es una profesión ingrata?
-Para los consagrados, no, pero para los que están arañando el bolo, sí. Los actores tienen que comer todos los días y no pueden hacer un bolo hoy, y otro, dentro de tres meses.
-¿Qué es la fama?
-Una burbuja que en cualquier momento se desvanece. Mi burbuja duró un poco más. Yo soy esa burbuja.
-¿Que le aportó la fama a su vida personal?
-Como decía Dagostino: “Cuando dejaste de ser una cédula quiere decir que triunfaste” y yo creo que hace rato dejé de ser una cédula.
-La popularidad, ¿no condicionó su libertad de movimiento?
-No, porque siempre fui un tipo de familia. Además, tengo a mi lado a una mina bárbara. Sé que no voy a encontrar otra igual. Sin ser un ejemplo de tipo puritano, puedo decir que me he portado bien.
-Hoy, cuando sube a escena, ¿qué siente?
-Nada. Me parece normal.
-Usted pasó un período de alejamiento, casi ostracismo, hoy, ¿cómo se siente?
-Ahora, bien. Pasé ocho años sumido en una gran depresión. Antes, por ejemplo, me costaba un triunfo hacer un reportaje. Vos recordarás que me tenías que sacar las palabras con un tirabuzón.
Angustia y depresión
-Por un lado, me dice que no sintió el ostracismo y, por otro, que estaba deprimido, ¿cuál es la verdad?
-Las dos cosas son ciertas. Mi depresión no se debía a que no trabajaba. Llegó un momento que estaba tan deprimido que iba al cine con mi mujer y mi hija Marina, las dejaba a ellas en el cine, ellas sacaban las entradas, me dejaban mi platea en la boletería, entraban, y cuando yo veía que el hall del cine estaba semivacío, buscaba la localidad, me escabullía y entraba a la sala cuando estaba todo el público adentro. Luego, a la salida, cuando venían los títulos me escapaba a buscar el auto y las pasaba a buscar, porque no quería que la gente me viera. Cuando salía a cenar con amigos, me quedaba mirando el piso, no hablaba en toda la noche.
-Entonces, usted no era un malhumorado como todos decían, sino un depresivo.
-Tal cual. Yo estaba haciendo temporada en Mar del Plata, y pesaba 67 kilos, cuando mi peso normal era de 74 kilos. Yo me veía demacrado y para aumentar de peso pedía ñoquis porque tienen muchas calorías y no podía comer más de ocho. Mi depresión fue terrible
-¿Qué lo sacó a flote?
-La psiquiatría biológica (sic). En menos de un año me convertí en otra persona.
-¿Entendió la razón de su depresión?
-Sí. Estaba desgastado por exceso de trabajo. Todos se deprimen cuando no laburan, a mí me pasaba al revés.
-Usted es muy perfeccionista. Esa sobreexigencia, ¿no influyó en su estado de ánimo?
-Sin duda.
-¿Nunca se permitió hacer las cosas de taquito?
-¡Ni loco!
-¿Hoy nota que existe una mayor exigencia por parte del público?
-No, la gente siempre se ríe de los chistes buenos. Yo tengo chistes de hace treinta años. Aldo Camarota decía: “No existen chistes nuevos o viejos, sino buenos o malos” y es cierto. Hay chistes que no fallan nunca. Hay material con el cual no podés fracasar.
-¿Qué lugar siente que ocupa dentro del humor?
-Hay un cuento que dice que se encuentran dos grandes cómicos y uno le dice al otro “¿Sabés quién se murió?” y el otro le responde: “No, ¿quién?” y el primero le comenta: “Fulano” y el último le dice: “Están tirando cerca”. Bueno, a mí me pasa lo mismo.
-¿Usted siente eso?
-Por desgracia, sí. Eso no me permite disfrutar de lo que tengo. Pese a que estoy bien de la depresión, lo cierto es que en febrero voy a cumplir 74 años.
-¿Le pesan los años?
-No, porque me siento vital, pero siento que estoy llegando al disco. Eso es inevitable. La vida es así.
-¿Está conforme y feliz con la vida que llevó?
-Muy. En lo profesional, nunca soñé con encabezar un teatro de revistas, hacer una película o compartir un cartel con Susana Giménez o Rodolfo Ranni. Si me faltaba algo, era trabajar junto a Iliana y lo he conseguido. En ese sentido, tengo el cartón del bingo lleno. En lo personal, me siento cercano al disco. Me parece mentira tener una hija de 42 años. No puedo creer que hayan pasado tantos años.

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