La apasionante filmografía de Fassbinder

Publicado en General el 25 de Enero, 2008, 9:40 por culturartespectaculos2008@yahoo.com.ar

CulturArtEspectáculos

PRESENTA

 

Desde mañana, en la sala Lugones

La apasionante filmografía de Fassbinder

En la retrospectiva se verá la miniserie Berlin Alexanderplatz en versión remasterizada y 26 de sus largometrajes

 

El autor de obras como El matrimonio de María Braun y Querelle, en el rodaje de Berlin Alexanderplatz

Un verdadero lujo del verano porteño: la Cinemateca Argentina y el Instituto Goethe comenzarán mañana en el Complejo Teatral de Buenos Aires una retrospectiva completísima de la obra de Rainer Werner Fassbinder. Y el prólogo es como para recluirse en la sala Leopoldo Lugones (Corrientes 1530, entradas a 7 y 4 pesos), porque todas las funciones -entre mañana y el lunes- estarán dedicadas a repasar, en versión remasterizada, los 13 episodios más epílogo (920 minutos) de la miniserie para la TV alemana Berlin Alexanderplatz , a 27 años de su estreno, en copias digitales restauradas por la Fundación Fassbinder. El ciclo, que se extenderá hasta marzo, recuperará además 26 de sus largometrajes.

Fassbinder era un artista solitario, con alma de perro callejero. Más allá de rodearse siempre de amigos, con los que compartía el dinero que ganaba sin pensarlo dos veces, de tener amantes de todos los sexos, de esquivar el cansancio físico a fuerza de cigarrillos o de drogas, el autor de clásicos como El asado de Satán, Sólo quiero que me amen, La angustia corroe el alma y El matrimonio de María Braun , entre una treintena de títulos para cine y TV, siempre vivió atenazado por el abandono que sufrió cuando cumplió 6 años. Murió joven, a los 37 años, en 1982, precisamente por una sobredosis de cocaína. "Soy mi propio padre", decía con una mueca melancólica, de dolor marcado a fuego en la memoria.

Fue hijo de un padre ausente, un médico prestigioso que nunca asumió el rol paterno, y de una madre que no lo deseaba. Siempre soñó con alcanzar la categoría que ellos no le dieron a través de personajes que desvestía con crueldad delante de su cámara, seres torturados, retratados en encuadres cerrados, atrapados en espejos que están revelando su verdadera imagen y patética imagen reflejada en la pantalla. Criaturas separadas de la felicidad por vidrios esmerilados, veladas por cortinas que miran desesperanzadas la vida de los otros, custodiadas por la oscuridad, apenas alumbradas por rayos de luz que se filtran, de a líneas, por las ventanas, como en el cine noir.

Fassbinder ejerció intensamente su oficio, atrapado en una telaraña de confusión. Muy agresivo con los actores durante los rodajes -pero en especial con las mujeres con las que compartió sus días-, cuentan que incluso llegó a prostituirse por las calles de Berlín antes de convertirse en artista respetado.

Ecléctico, su mirada remite al "teatro de la crueldad" de Artaud y estéticamente a los clásicos del expresionismo y a los melodramas del cine estadounidense de la posguerra, en especial los de Douglas Sirk, otro alemán que, según pensaba, "hizo que me diera cuenta de que es posible contar historias de una forma que normalmente haría que el público las considerara inverosímiles". Se trata de historias de gente común que sufre dramas existenciales.

El alma de la serpiente

Berlin Alexanderplatz es un clásico de la literatura alemana de la preguerra. Lo escribió Alfred Döblin y ya había sido llevado al cine en caliente, por Phil Jutzi, en 1931. En palabras del mismo Fassbinder, es la historia del ex camionero Franz Biberkopf -interpretado por Günter Lamprecht-, que sale de la cárcel luego de cumplir una condena por haber asesinado a su ex amante, quien se había prostituido para ayudarlo económicamente. Al principio se siente como pez fuera del agua, pero tras una nueva relación espera salir adelante. Sin embargo, fracasa ofreciendo prendedores para corbatas, libros de erotismo barato como si fuesen de educación sexual y pasquines nazis, una decisión que lo enfrenta a sus amigos comunistas. La última posibilidad reside en vender algo que todos consuman: cordones para zapatos. Después de una traición, conocerá a Reinhold, un gángster de poca monta que lo fascina, al que ayuda a sacarse de encima a las mujeres que él mismo seduce y conquista. Compartirán delitos menores y Franz, por culpa de Reinhold, sufrirá un terrible accidente que le costará el brazo derecho. Tras ese percance, conocerá a otra mujer que terminará trabajando para él y hasta serán felices, pero la vuelta de Reinhold acabará con la dicha. Para Franz, lo que resta es tragedia.

Obsesivo, enamorado de aquel relato de Döblin, pero más todavía de su protagonista -con el que llegó a identificarse por completo-, el cineasta se propuso construir una obra maestra. Dicen que antes de comenzar el rodaje pensó que era necesario ver todos sus largometrajes para hacer algo diferente. Cuentan que un día se sentó frente a un televisor y los cassettes fueron desfilando uno tras otro hasta que cayó rendido. La tarea no fue sencilla. Mientras el presupuesto de sus obras oscilaba entre los 700.000 y cuando requerían recrear viejas épocas los 2 millones de marcos, Berlin Alexanderplatz consumiría 13.

Escribió Fassbinder -en un artículo titulado "Las películas te abren la cabeza" - que Berlin Alexanderplatz "me ayudó a reconocer esta exigencia respecto del arte, a formularla y, sobre todo, a ponerla en práctica en mi propio trabajo. Había encontrado una obra que no sólo era una ayuda para vivir, sino también una ayuda a elaborar lo teórico sin ser teórica, que obliga a actitudes morales sin ser moral, a aceptar lo banal como esencial, como sagrado, sin ser banal ni sagrado, sin pretender ser una exposición sobre lo esencial y sin ser, pese a todo, cruel, lo que no es habitual en obras de esta envergadura".

La superproducción reunió, además, a tres de las actrices preferidas del cineasta: Hanna Schygulla, Barbara Sukowa y Brigitte Mira.

El martes próximo, por su parte, también en la Lugones, comenzará el gran ciclo de largometrajes, subdividido en seis programas que reflejan algunos de sus intereses temáticos y estéticos, a lo largo de trece años. El primero está dedicado al Antitheater, conformado por Katzelmacher (1969), Dioses de la peste (1970), Reclutas en Ingolstadt (1971), El asado de Satán (1976) y Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), que remite a sus primeros años como cineasta. Se trata de ejercicios reglados por las directivas del colectivo de actores conocido como Antitheater, según sus propias palabras una "corriente teatral provocadora, anticonvencional y revolucionaria".



Para agendar

Berlin Alexanderplatz , con Günter Lamprecht, Barbara Sukowa y otros

Sala Leopoldo Lugones Corrientes 1530, Mañana, a las 14.30, capítulos I a III; a las 19.30, IV a VI; pasado mañana, a las 14.40, VII a IX y a las 19.30 X a XIII; el lunes, a las 18. y 21, XIII y epílogo (en DVD).

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